Si Éfeso era la Nueva York del mundo romano —bulliciosa, comercial, pragmática—, Pérgamo era su Oxford: una ciudad-universidad donde el saber era poder. Los reyes atálidas invirtieron fortunas en arte, ciencia y arquitectura para convertir su pequeño reino en faro cultural del Mediterráneo.
La rivalidad con Alejandría
La biblioteca de Pérgamo llegó a tener 200.000 rollos, amenazando la supremacía cultural de Alejandría. Según la leyenda, los Ptolomeos egipcios prohibieron la exportación de papiro para frenar a sus rivales, lo que obligó a los pergamenos a perfeccionar el uso de la piel de animal como soporte de escritura: así nació el «pergamino» (pergamena en latín, que deriva directamente de Pérgamo).
El Altar de Zeus, un friso monumental de 113 metros que narraba la Gigantomaquia (la lucha de los dioses contra los gigantes), fue trasladado a Berlín por arqueólogos alemanes en el siglo XIX y hoy ocupa una sala entera del Pergamonmuseum. En la acrópolis queda solo el basamento, pero la escala impresiona igualmente.

Qué ver en Pérgamo
La acrópolis se alcanza en teleférico (o a pie para los más atléticos) y ofrece: el teatro más empinado del mundo antiguo (80 filas con 36° de inclinación), los cimientos del Templo de Trajano, los restos de la biblioteca, el palacio real y cisternas. En la ciudad baja, el Asclepión (centro médico) merece visita aparte. El Museo Arqueológico de Bergama exhibe hallazgos locales y una maqueta del Altar de Zeus.
La excursión desde Éfeso (180 km, ~2,5 horas) requiere un día completo pero recompensa con creces. Pérgamo recibe muchos menos visitantes que Éfeso, lo que permite una experiencia más íntima con las ruinas.
Fuentes y lecturas adicionales
- UNESCO – Pergamon — Ficha oficial del Patrimonio Mundial
- Britannica – Pergamum — Historia del reino atálida