Cuando los efesios necesitaban escapar del calor de la llanura, subían a Şirince. Hoy, cuando los viajeros necesitan escapar de las multitudes de las ruinas, hacen lo mismo. Este pueblo diminuto tiene el don de ralentizar el tiempo: un vaso de vino de melocotón en una terraza con vistas al valle, un plato de gözleme recién hecho, el canto de los gallos como única banda sonora.
Historia del pueblo
Şirince fue fundado por griegos ortodoxos liberados de Éfeso en el siglo XV. Tras el intercambio de poblaciones de 1923, los griegos fueron reemplazados por turcos de Tesalónica, que mantuvieron la viticultura y la arquitectura. Las dos iglesias griegas (San Juan Bautista y San Demetrio) siguen en pie, reconvertidas la primera en museo y la segunda en mezquita.
El nombre original era «Çirkince» (feo), supuestamente puesto por los habitantes para disuadir a los forasteros de venir. Cuando las autoridades descubrieron el engaño, lo rebautizaron «Şirince» (bonito), y el nombre se lo merece.

Qué hacer en Şirince
Degusta los vinos artesanales de frutas (melocotón, mora, cereza, melón) en las bodegas familiares. Desayuna un «köy kahvaltısı» (desayuno aldeano) con huevos de corral, mermeladas caseras, queso fresco y pan de horno de leña. Compra aceite de oliva prensado en frío, jabón artesanal de lavanda o bordados tradicionales. Y si te quedas hasta la tarde, disfruta del atardecer desde la terraza de algún restaurante con vistas al valle.
El pueblo es pequeño y se recorre en una hora, pero la tentación de sentarse a comer y beber puede extender la visita fácilmente a media jornada.
Fuentes y lecturas adicionales
- Portal Cultural de Turquía — Información turística oficial