Basílica de San Juan en Selçuk, cerca de la antigua Éfeso
Fe y Escritura

Éfeso en la Biblia

Éfeso no es solo una joya arqueológica: es uno de los escenarios más importantes del Nuevo Testamento y de la historia del cristianismo primitivo.

Ninguna ciudad de Asia Menor aparece con tanta frecuencia en las Escrituras como Éfeso. Desde los viajes misioneros de Pablo hasta la visión apocalíptica de Juan, esta urbe fue cuna y campo de batalla del cristianismo naciente.

Éfeso en los Hechos de los Apóstoles

El libro de los Hechos dedica varios capítulos a la estancia de Pablo en Éfeso (Hechos 18:19-21; 19:1-41). Lucas narra cómo Pablo enseñó durante dos años en la escuela de Tirano, realizó milagros y provocó la famosa revuelta de los plateros. Demetrio, un artesano que fabricaba templos en miniatura de Artemisa, temió que la predicación paulina arruinara su negocio y amotinó a la ciudad gritando «¡Grande es Artemisa de los efesios!» en el teatro que aún hoy podemos visitar.

También en Hechos 20:17-38 encontramos el emotivo discurso de despedida de Pablo a los ancianos de Éfeso en Mileto, donde les advierte sobre falsos maestros y les encomienda el cuidado de la comunidad. Este pasaje revela una iglesia ya madura y organizada en la década del 50 d.C.

La Carta a los Efesios y las Cartas Pastorales

La Epístola a los Efesios, tradicionalmente atribuida a Pablo, expone la unidad de judíos y gentiles en Cristo y la imagen de la Iglesia como cuerpo y templo. Además, las dos cartas a Timoteo mencionan explícitamente a Éfeso como destino de este discípulo paulino, encargado de combatir falsas doctrinas y organizar la comunidad local (1 Timoteo 1:3).

Éfeso en el Apocalipsis

En Apocalipsis 2:1-7, Éfeso encabeza la lista de las siete iglesias de Asia a las que Juan dirige sus cartas proféticas. El mensaje elogia la perseverancia de los efesios y su rechazo de los nicolaítas, pero les reprocha haber «abandonado su primer amor». Esta advertencia ha resonado durante siglos como símbolo de la tibieza espiritual.

Los Concilios Ecuménicos

Éfeso fue sede de dos concilios ecuménicos. El Concilio de Éfeso (431 d.C.) proclamó a María como Theotokos («Madre de Dios»), una definición dogmática que transformó la devoción cristiana. El segundo concilio (449 d.C.), conocido como el «Latrocinio de Éfeso», fue posteriormente rechazado por la Iglesia. Estos eventos confirman que Éfeso seguía siendo un centro religioso de primer orden cuatro siglos después de Pablo.

Fuentes y lecturas adicionales

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