Columna solitaria del Templo de Artemisa, una de las Siete Maravillas del Mundo
Maravillas del Mundo

Las Siete Maravillas y Éfeso

De las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, una se alzaba en Éfeso: el colosal Templo de Artemisa, cuatro veces más grande que el Partenón de Atenas.

La lista de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, compilada por viajeros griegos entre los siglos III y II a.C., incluía solo un edificio en Asia Menor: el Templo de Artemisa en Éfeso. Conocido en la antigüedad como el Artemisión, fue celebrado por su tamaño descomunal, su riqueza decorativa y la devoción que inspiraba en todo el Mediterráneo.

Un Templo Colosal

El Artemisión que conocieron los antiguos viajeros era en realidad la tercera versión del templo. El primero fue destruido por una inundación; el segundo, financiado por el rey Creso de Lidia en el siglo VI a.C., fue incendiado por Eróstrato en 356 a.C. (la misma noche, según la tradición, en que nacía Alejandro Magno). La tercera y definitiva versión, completada hacia 323 a.C., fue la que se ganó el título de Maravilla.

Sus dimensiones eran extraordinarias: 137 metros de largo por 69 de ancho, con 127 columnas jónicas de 18 metros de altura. El Partenón de Atenas cabría cuatro veces en su planta. Plinio el Viejo lo describió como «el monumento más maravilloso de la magnificencia griega», y Antípatro de Sidón, al incluirlo en su lista de maravillas, escribió: «He visto las murallas de la inexpugnable Babilonia y la estatua de Zeus olímpico, pero cuando vi el templo de Artemisa elevándose hasta las nubes, los demás prodigios perdieron su brillo».

La Diosa de Éfeso

Artemisa de Éfeso era muy diferente de la Artemisa griega cazadora. La versión efesia era una diosa madre de la fertilidad, representada con múltiples protuberancias en el torso (interpretadas como pechos, huevos o testículos de toro sacrificados) y decorada con animales simbólicos. Su culto atraía peregrinos de todo el mundo conocido y generaba una industria de objetos votivos que enriqueció a la ciudad durante siglos.

El templo no era solo un lugar de culto: funcionaba como banco, refugio de asilo y centro de la vida social efesia. Los artesanos que fabricaban réplicas del templo y estatuillas de la diosa formaban un gremio poderoso —el mismo que se rebeló contra Pablo en el famoso motín narrado en los Hechos de los Apóstoles.

Destrucción y Qué Queda Hoy

El Artemisión sobrevivió a la conquista romana pero no al triunfo del cristianismo. En 401 d.C., una turba liderada por San Juan Crisóstomo destruyó lo que quedaba del templo, y sus mármoles fueron reutilizados en la construcción de iglesias, incluyendo la basílica de Santa Sofía en Constantinopla. La colmatación del terreno hizo el resto: en pocos siglos, el emplazamiento quedó cubierto por un pantano.

Hoy, una solitaria columna reconstruida marca el lugar donde se alzaba la Maravilla. El sitio, a 1 kilómetro del centro de Selçuk, puede parecer decepcionante a primera vista. Pero con imaginación —y la ayuda de un buen guía— es posible evocar la grandeza de un edificio que durante siglos fue considerado la obra arquitectónica más perfecta jamás realizada por el ser humano. Piezas originales del templo, incluyendo fragmentos de columnas y relieves, se exhiben en el Museo Británico de Londres y en el Museo de Éfeso en Selçuk.

Fuentes y lecturas adicionales

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