Pocas ciudades del mundo antiguo pueden presumir de una historia tan larga y variada como Éfeso. Capital de Asia, ciudad de Artemisa, escenario de la predicación cristiana y finalmente pueblo abandonado: cada siglo añadió una capa a su extraordinario palimpsesto.
Orígenes y Período Griego (siglo XI – 334 a.C.)
Aunque el asentamiento humano en la zona se remonta al Neolítico, la tradición sitúa la fundación griega de Éfeso en torno al siglo XI a.C., cuando colonos jónicos liderados por Androclo se establecieron junto al templo de Artemisa. Durante el período arcaico, Éfeso formó parte de la Liga Jónica y produjo filósofos como Heráclito, conocido por su doctrina del cambio perpetuo.
En el siglo VI a.C., el rey lidio Creso conquistó la ciudad pero la embelleció generosamente, financiando la reconstrucción del Templo de Artemisa. Tras la conquista persa de Lidia (546 a.C.), Éfeso pasó a ser súbdita del imperio aqueménida, aunque conservó cierta autonomía. La llegada de Alejandro Magno en 334 a.C. trajo la liberación del dominio persa y una nueva era de esplendor helenístico.
Esplendor Romano (133 a.C. – 395 d.C.)
Cuando el último rey de Pérgamo legó su reino a Roma en 133 a.C., Éfeso se convirtió en capital de la provincia de Asia y en la ciudad más importante del Mediterráneo oriental después de Alejandría. Con una población estimada en 250.000 habitantes en su apogeo, la ciudad se llenó de monumentos: la Biblioteca de Celso, el Gran Teatro, los baños de Vario, el ágora comercial y las lujosas Casas Terraza que rivalizaban con las villas de Pompeya.
El período romano fue también la era del cristianismo naciente. Pablo predicó aquí, Juan probablemente escribió su Evangelio en las cercanías, y la comunidad cristiana creció hasta convertirse en una de las más influyentes del mundo antiguo. El emperador Adriano visitó la ciudad y le concedió un segundo neocorato (templo imperial), un honor reservado a las ciudades más leales.
Período Bizantino y Declive (395 – 1304 d.C.)
Con la división del Imperio Romano, Éfeso quedó en la mitad oriental. La ciudad siguió siendo importante: acogió dos concilios ecuménicos (431 y 449) y el emperador Justiniano construyó la magnífica Basílica de San Juan en el siglo VI. Sin embargo, el puerto se colmataba inexorablemente y los terremotos causaban daños periódicos. La población se fue concentrando en torno a la colina de Ayasuluk, abandonando la ciudad baja.
Las incursiones árabes del siglo VII y la inestabilidad del período bizantino medio aceleraron la decadencia. Cuando los turcos selyúcidas tomaron la ciudad en 1304, Éfeso era ya una sombra de su antigua grandeza. Los otomanos, que heredaron la zona en el siglo XV, prefirieron desarrollar otros puertos. La antigua metrópolis quedó cubierta por la tierra y el olvido hasta que los arqueólogos la redescubrieron en el siglo XIX.
Redescubrimiento y Patrimonio Mundial
Las excavaciones sistemáticas comenzaron en 1863 bajo la dirección del ingeniero británico John Turtle Wood, que buscaba el Templo de Artemisa. Desde 1895, el Instituto Arqueológico Austriaco ha liderado las excavaciones de la ciudad romana. En 2015, la UNESCO inscribió Éfeso en la Lista del Patrimonio Mundial, reconociendo su «valor universal excepcional» como testimonio de la civilización grecorromana.
Fuentes y lecturas adicionales
- UNESCO – Ephesus — Expediente de Patrimonio Mundial
- Britannica – Ephesus — Historia completa
- ÖAI – Excavaciones en Éfeso — Instituto Arqueológico Austriaco
